22 mayo 2006

Eurovisión

El festival de Eurovisión es un engendro prehistórico que, como la declaración de la renta o la visita al dentista, nos espera cada año a la vuelta de la esquina para recordarnos lo frágiles y desgraciados que somos. En TVE no parecen entender esta triste circunstancia, y el sábado no sólo emitieron las tres horas que duró el concurso, sino que le añadieron casi tres horas de programa previo y dos horas de programa posterior. Ni en Guantánamo pisotean de esta manera los derechos humanos.

El programa previo fue un patético retorno a las décadas más grises y tenebrosas de nuestra historia televisiva.

Una realización birriosa, un decorado decrépito, unos invitados en proceso de momificación y un presentador (Carlos Lozano) a la medida de esa tormenta de caspa.
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