Si Muhammd no hubiese predicado el Yihad, la guerra contra el infiel, ni él hubiese capitaneado y dirigido veintisiete campañas militares, y ni hubiera decidido confiar treinta y ocho otras campañas a sus compañeros…
Si el Yihad -la guerra contra el infiel- no apareciese las cuarenta y nueve veces que está escrita en el Corán, y el verbo combatir (qital) cincuenta y una…
Si los seguidores del profeta del Islam no se hubiesen matado entre ellos –nacimiento de sunnitas y chiítas cuyas disensiones teológicas se dirimieron en el campo de batalla, ni hubiesen invadido y expandido militarmente en pocos años desde el océano Índico hasta el Atlántico, y si Muhammad no hubiese decapitado a los judíos que habitaban Arabia por no seguir sus doctrinas…
Si los actuales musulmanes que vuelven a sus fuentes coránicas, al Islam puro, no “predicasen” con la violencia de las bombas y del terrorismo. Si los musulmanes no mostrasen su enojo con la violencia y el terror ante las “provocaciones” no-físicas de los no-musulmanes –caricaturas danesas, discurso de Benedicto XVI, prohibición del chador en las escuelas francesas, óperas de Mozart, novelas de Salman Rushdie, profesores de Filosofía –Robert Redeker- etc.
Pensaríamos que el Islam es pacifico y es una religión como hay otras…
Pero a los seguidores de Muhammad todo les enoja, todo lo que nace de occidente les irrita, les molesta, se sienten ofendidos por todo menos por la pleitesía que los dhimmis les rinden ante su presencia.
La presencia de judíos y de cristianos les altera los nervios.
Para los islamistas la conversión de los no-musulmanes al Islam es tan válido como la conversión voluntaria y libre.
Y el Corán castiga con la pena de muerte al apostata, al nacido o convertido al Islam que abandona la religión de Muhammad.
En el Islam, la violencia es mucho más que la expresión de una fuerza brutal. Es la encarnación y la prueba de la fuerza absoluta, atributo de Alá. Dedicados hacia el pecado e ingratos hacia Dios, el hombre debe seguidamente redimirse. La violencia purificará las sociedades invadidas por la perversidad, castigará a los pueblos infieles y vengará el honor de Alá ensuciado por los incrédulos o los apostatas. “la característica totalitaria del Islam no es más aparente que en el concepto de Yihad, la guerra santa, que tiene como objetivo final conquistar el mundo entero y de someterlo a la única verdadera religión, a la ley de Alá, estima Ibn Warraq. Sólo el Islam detiene la verdad. Fuera del Islam, no hay salvación.
El combate armado es denominado el “sendero sobe el camino de Alá” (Yhad fi sabill’Allah) y los “que cayeron en la guerra santa” son comparados a mártires de la fe. El guerrero no más que el brazo de Dios: “No son ustedes quienes los mataron, sino es Alá quién los mató [...], y esto para probar a los creyentes con una bella prueba de su parte”, explica el Corán (8, 17). Si las cuatros escuelas jurídicas del Islam están en desacuerdo sobre muchos puntos no teológicos y jurídicos, observamos en cambio una gran homogeneidad en lo que concierne dos puntos sobre los no-musulmanes: el tratamiento discriminatorio de los infieles y el Yihad como defensa y expansión del Islam. Es un "deber" del musulmán "auténtico y puro" convertir a todos los hombres y mujeres. La voluntad del resto de la humanidad no cuenta. El yihadista tiene la misión islámica de convencer o vencer -mediante la violencia- al resto de los humanos para que sigan la senda de Muhammad.
Sabiendo esto podemos entender muchas cosas de las que acontecen.
Querer inventarse lo contrario, por miedo, por relativismo cultural, es mentir y no nos permite entender el expansionismo violento y sanguinario de los yihadistas, pues para estos la salvación de la humanidad es el Islam -el Islam es la solución-.
Fuente: http://blogs.periodistadigital.com
03 octubre 2006
Si Muhammd no hubiese predicado el Yihad, ..
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada